Damián miró con cautela a un lado y a otro, buscando, con
los ojos ojerosos y cansados, a quien quiera que hubiese ido a recogerlo a
aquel aeropuerto soso y gris.
Se había levantado terriblemente temprano para coger el avión
de la madrugada, el cual, por algún motivo de difícil comprensión, era más
barato que los que salían en el resto del día. Con sueño, había cerrado la
maleta que el día anterior dejó a medio hacer, se había vestido con unos
vaqueros y una americana sin planchar, y había salido de su desordenado
apartamento en un taxi que conducía un hombre serio y casi tan cansado como él.
Finalmente, después de aguantar colas interminables –Pues era
increíble la cantidad de gente que viajaba de madrugada- y un viaje de avión de
unas dos horas y media, en el cual ni siquiera fue capaz de echar una cabezada,
llegó al horrible y gris aeropuerto de la isla.
Un hombre alargado de pelo revuelto se acercó a él.
-¿Señor Alexánder?
El muchacho hizo una mueca al escuchar su apellido, pero aún
así sonrió educadamente.
-Damián, por favor. –Le hizo gracia que un hombre mayor que él
lo tratase de señor.- Agente…
-Álvarez. –Le cortó él.
Vaya, no se andaba con tonterías, estaba claro que al tal
agente Álvarez no le hacía ni pizca de gracia que lo hubiesen enviado a recoger
a un niño al aeropuerto. Damián no se engañaba; sabía que no tenía ningún
derecho a estar allí, y que lo mejor que podía hacer era estarse callado y
mantener la calma.
-Es usted muy amable al venirme a recoger, agente Álvarez,
espero que no haya sido mucha molestia. –Sonrió inocentemente.
El agente bajó la cabeza, esto le sorprendió, pues era como
si de repente le hubiesen puesto una gran carga sobre los hombros. Era un
hombre curioso, sí, y autoritario, también, pero no era en absoluto lo que en
un principio quería aparentar. Damián no era idiota, estaba claro que se
trataba de un hombre estresado y muy despistado; su corbata arrugada y la manga
de su chaqueta empapada del sudor de su frente lo delataba.
-Ya, en fin. –El agente volvió a levantar la cabeza y comenzó
a andar, esperando que el muchacho lo siguiese; Damián tuvo que acelerar el
paso para poder seguir las grandes zancadas que daba.- Espero que no esté muy
cansado, tenemos trabajo que hacer.
-No se preocupe.
-Bien. –Hizo un gesto molesto como respuesta a la sonrisa
descarada de Damián- Vamos a casa de la señora Díaz para hablar con su hija
sobre la víctima. Si quiere puede intentar hablar con ella, aunque es una chica
con mucho carácter. –Suspiró de forma cansada.
-Oh, bien.
Llegaron a un coche algo desvencijado, pero no por ello
dejaba de ser precioso. Se trataba de un Mercedes gris que tendría unos diez
años, con un tapizado impecable y bien cuidado. El agente Álvarez entró por el
lado del conductor, sin ni siquiera invitarle a entrar. Damián se subió a su
lado, aunque algo dubitativo.
-¿No vamos en coche oficial? –Preguntó con cautela-
-No me agradan mucho, la verdad. Prefiero mi viejo Mercedes.
El chico se dio cuenta de que la voz de su acompañante se
había suavizado, como si se sintiese más seguro ahora que estaba en su propio
coche. Un hombre curioso aquel, sin duda.
Mientras salían de aquel enorme aeropuerto, a través de unas
pequeñas rotondas mal señalizadas, Damián se cruzó de brazos con un escalofrío.
-Creí que en estas islas siempre hacía calor.
-Para nada, en esta época del año hace más frío que otra
cosa. Lluvia y viento, eso es lo que hay, y últimamente demasiado. Como notará,
es un frío distinto al de la península, esto es más húmedo. –Giró el volante
bruscamente para meterse por un camino con plantaciones a ambos lados. Damián
miraba maravillado por la ventana.- Se llamaba Samuel Hernández, lo encontramos
anteayer de madrugada, en casa de sus padres. –Cambió de tema con tanta rapidez
que al muchacho le costó saber a qué se refería.- Estaba bocabajo en el suelo,
con un corte muy extraño en la garganta. Estamos esperando a que llegue un
forense de la capital para saber algo más, pero el chico tenía algo de opiáceos
en sangre, no de ese día, claro, pero…
-Bueno, no es tan extraño en un chico de su edad, ¿Qué tenía,
diecisiete años?
-Casi los mismos que usted, si no me equivoco.
-Tengo diecinueve, y no tomo drogas, agente, si es lo que
insinúa.
-No insinuaba nada. –El agente sonrió, ¡Sonrió!, dios mío,
Damián empezaba a creer que ese hombre no sonreía ni con su mujer. Aunque ahora
que lo pensaba, no parecía que tuviese; No llevaba anillo, y ninguna esposa
permitiría a su marido salir de casa con esos calcetines. –Aún así, todos
piensas que su asesinato tiene que ver con un tema de drogas.
-¿Y usted no? –Álvarez negó lentamente con la cabeza-
Espera, ¿Ha dicho asesinato? ¿Ya está claro que no…?
-No fue un suicidio, eso está claro. Ayer lo dudé unos
instantes, por culpa de Alessia, esta muchacha a la que vamos a ver. Pero no,
el corte tenía un ángulo imposible, no pudo hacérselo él.
-¿Qué tiene que ver esa chica con todo esto?
-Al parecer era su amiga. La novia del chico nos dijo que
hubo una especie de relación entre ellos o algo así, en fin, eso no importa; lo
curioso es que la madre de Samuel encontró un nota entre los dedos de su hijo,
está algo manchada de sangre y no se distingue bien lo que dice, solamente
puede leerse el nombre de la muchacha, la están examinando.
-¡Qué interesante! –De repente cayó en la cuenta de que se
había expresado con demasiada emoción, y trató arreglarlo – Quiero decir… ¿Cómo
sabe que se trata de esta Alessia y no de otra?
-No hay muchas Alessias en esta isla, ¿Sabe?.
El Mercedes dobló una curva y comenzó a subir una cuesta
bastante estrecha. Parecía que en cualquier momento se iban a encontrar de
frente con otro coche que bajaba. Cuando salieron de la cuesta, giraron de
nuevo, y ante ellos apareció una preciosa casa terrera de color verde, de una
sola planta, pero amplia, y con un jardín envidiable. Los dos salieron del
coche, aunque Damián tuvo que cerrar dos veces la puerta, porque no cerraba muy
bien.
-Es aquí, si no me equivoco. Le dejaré hablar con la
señorita, yo hablaré con su madre; es una mujer muy alterable, así que mantenga
la calma.
Tocaron el timbre de la casa, y casi al instante se abrió la
puerta, dejando ver a una chica de poco más de dos años menos que Damián, de
pelo oscuro y ojos grandes y almendrados, no era muy alta, pero el aspirante a
detective no pudo evitar fijarse en sus generosas caderas. La chica carraspeó y
se guardó el móvil que llevaba en la mano en uno de los bolsillos de sus
vaqueros.
-Bueno días, Señorita Díaz, venimos a…
-Sí, sí, a hacer preguntas incómodas, ya lo sé. –Le sorprendió
el descaro de la muchacha, y se permitió soltar una débil carcajada, Alessia le
dirigió una mirada interrogante. –Pasen.
La casa era sin duda preciosa, con techo alto de madera y
muebles de buena calidad. Nada más entrar se encontraron con el salón, provisto
de dos sofás de cuero naranja, para nada chillones, una mesita de madera oscura
y una enorme lámpara de mimbre. Al lado de la televisión se encontraba un
hombre al que Álvarez saludó con confianza, aunque no se dirigió a él, si no a
la señora Díaz.
-Buenos días. –Otra cosa puede que no, pero aquel agente era
educado.- Si no le importa, mi compañero quiere hablar con Alessia, yo me
quedaré por aquí.
La mujer asintió, con gesto preocupado, y guió a Damián
hasta la cocina. Alessia se sentó en una de las sillas que rodeaban la mesa,
pero él se quedó de pie hasta que estuvieron solos. Entonces ella habló.
-¿Por qué no me interroga el agente Álvarez? ¿Y quién eres tú?
Pareces muy joven para ser agente.
El chico sonrió y asintió con la cabeza; le gustaba aquella
chica, aunque sus ojos eran demasiado expresivos, podía ver claramente lo
afectada que estaba, casi le daba pena.
-En realidad me estoy preparando para ser detective, estoy
haciendo prácticas. Me llamo Damián Alexánder.
-¿Un estudiante va a llevar el caso de Sam? ¿Acaso no se lo
toman en serio? –La chica bufó y se agachó para recoger del suelo a una gata
blanca que hasta ahora no había visto.
-Yo no llevo el caso, lo lleva Álvarez; yo sólo miro y
aprendo. –Dirigió su mirada a los ojos azules de la gata. –Que gata más bonita.
–Comentó distraídamente-
-Se llama Dina.
-¿Dina?, ¿Como la gata de Alicia? –Preguntó sorprendido.
Los ojos de Alessia parecieron iluminarse, realmente era
alguien muy expresiva.
-¡Exacto! No todo el mundo lo pilla, ¿Sabes?.
-Estoy seguro. –Sonrió de medio lado, como sólo él sabía, y
bajó la mirada hacia los apuntes que Álvarez le había facilitado- Bien, veamos,
¿Dónde estabas anteayer sobre las doce de la noche?
-Pues no lo sé. –Alessia se encogió de hombros- Durmiendo,
supongo.
No parecía molesta por la pregunta.
-¿Supones?
-No me gusta trasnochar, suelo acostarme temprano, así que sí,
supongo que estaba durmiendo. Aquí, en casa.
Damián apuntó un par de cosas en sus papeles.
-Está bien. –La miró directamente a los ojos, temiendo que
ella hiciese algún comentario acerca de sus ojeras- ¿Puedes hablarme de Samuel?
Creo que tenías una relación con él, y que escribió algunas cosas en Internet sobre…
-¿Una relación? ¿Con Sam? –Alessia rió tristemente- No, era
mi amigo, pero ya sabe, las cosas se complican. A él le gustaba, pero yo fingía
no darme cuenta.
-¿Por qué?
-¡Porque no me gustaba, claramente! –Abrazó a su gata- Era
un chico simpático, pero muy bruto, no me gustaba su forma de tratarme. Y luego
estaba lo otro, lo de las… -Dudó un instante-
-Las drogas.
-Sí. –Pareció aliviada al saber que ellos ya lo sabían- A
veces era algo insoportable, así que comprenderá que le dijese que no.
-Es comprensible.
-Hugo quería que saliese con él, pero porque últimamente está
empeñado en juntarme con alguien. –Miró hacia otro lado.- Después de eso la
situación era algo tensa, él dejó de hablarme, me ignoraba, era muy infantil. Si
me dirigía a él miraba a otro lado y esas cosas.
-¿Hugo es…?
-Oh, un amigo.
-¿Y qué pasó con Internet?
-Sam se puso a decir cosas de mí en Twitter. –Hizo una pausa
para asegurarse de que Damián sabía a qué se estaba refiriendo, luego continuó.-
Me insultaba, y esas cosas. Hugo me lo dijo, no separa la vista de Twitter en
todo el día, así que vio todo lo que escribía Sam. Todo me sentó muy mal,
porque era mi amigo, ¿Sabes? Pero no hice mucho caso. Intenté arreglar las
cosas con él, pero siempre me miraba de mala manera, me sentía tan mal…
-Acarició la cabeza de Dina- Incluso llegué a odiarle.
-¿Sabes quién querría matarlo?
Alessia palideció unos momentos, como si se sintiese
culpable.
-No.
-No pareces muy convencida.
-No lo estoy.
Damián asintió con la cabeza.
-Había una nota que encontró la madre de Samuel, ponía tu
nombre, ¿Sabes porqué?
-El agente Álvarez me comentó algo sobre eso, pero no se
nada. Sam llegó a odiarme mucho, ¿Sabes? Aunque no llego a entender la razón –Bajó
la mirada-
-Entiendo. –Damián se desperezó- Ha sido muy amable,
Señorita Díaz.
-Alessia, por favor. –Sonrió- ¿Eso es todo? ¿No tienes más
preguntas?
-Si surge alguna pregunta, pasaremos a formulársela.
-Está bien. –Ella levantó la mirada- Damián.
-¿Sí?
-Si ocurre algo… ¿Me lo dirás?
El muchacho miró los grandes ojos de Alessia, y sintió que
no podía negarle nada.
-Claro.