Algo ocurre cuando amanece, y para mí, no parecía que fuera
a ser algo agradable.
Me desperté como en un sueño, como si realmente no me hubiese llegado a despertar; De repente, el
simple hecho de levantarme suponía demasiado esfuerzo, así que aparté a Dina,
que se había asentado en mi pecho, y fijé mi vista en el techo de madera.
La gata soltó un pequeño bufido, pero en seguida volvió a
enroscarse sobre sí misma. Yo también tenía ganas de bufar.
<<Vendrán hoy –Suspiré- llegarán antes de mediodía.>>
Era increíble como en tan sólo un día había cambiado tanto
mi forma de pensar; la mañana del día anterior lo que más me preocupaba era el
dichoso examen de biología, y ahora todo eso… ¿Qué importaba? Alguien había
muerto, para Sam, ya no habría más exámenes.
-Dina, no me claves las uñas, ¿Quieres? –Finalmente decidí
incorporarme, a sabiendas de que, si me quedaba quieta mucho tiempo, acabaría
volviéndome loca. -A ver, quita, quita. No, no me maúlles, que no cuela.
Me tambaleé por toda mi constantemente desordenada habitación
hasta llegar al armario: Vaqueros, suéter azul de cuello alto, vans… ¿Qué ropa
se pone una para que la interroguen? Yo al menos, nunca me había tenido que
preocupar por algo así. Veamos, echemos un vistazo al espejo…
<<¡Dios mío! ¿Esa soy yo? –Revolví mi espeso cabello
oscuro, en un vano intento por ponerlo en orden- Estoy pálida, ¿Y eso son
ojeras? Que alguien me dispare.>>
Al llegar a la cocina me encontré con un pequeño drama, pues
aunque mi madre, con gesto torvo, se había preocupado por prepararme un vaso de
leche –Oh, Mamá, ¿Qué tienes en contra de mi taza de los Beatles?- nada más ver
aquel líquido blanco, por mucho cacao que le echase, se me revolvía el estómago.
-Tienes que comer algo.
-Ya. –Me estiré con lentitud, dejando escapar un gemido- ¿Qué
hora es?
-Las nueve menos cuarto, pero come algo.
Hice un gesto de desaire con las manos y me hice con una
galleta algo desabrida, de la que Dina se comió la mayor parte. Mientras ella
masticaba, me dí la vuelta con la intención de lavarme la cara, y Sergio chocó
conmigo.
-Eh, ¿No has ido a clase?
-El agente dijo que era mejor que me quedase en casa.
-Qué tontería.
Sonreí. Hacía un año que Sergio vivía con mi madre y
conmigo, pero aún me hacía gracia su lógica aplastante y su mente simplona. No
me malinterpretéis, me cae bien, pero es algo corto de entendederas; la verdad,
no sé qué hace mi madre con él.
-Seguramente. – Me encogí de hombros- Espera, suena mi móvil.
Sergio ni siquiera hizo un gesto de asentimiento; se limitó
a apartar con suavidad a Dina y continuar lo que quiera que estuviese haciendo.
Yo aceleré el paso hacia mi móvil, más que nada porque me daba vergüenza el
tono de llamada que tenía puesto y prefería cogerlo cuanto antes. Me lo coloqué
en la oreja sin tan siquiera mirar el número que llamaba.
-¿Sí? –Pregunté por inercia.
-¿Cómo que sí? ¿Se puede saber dónde estás?
-¿Perdona? –Tardé un rato en reconocer la voz que sonaba al
otro lado del teléfono, pues sonaba demasiado grave, demasiado seria.
-Ha venido la polícia al instituto, como aquella vez que
trajeron un perro para buscar droga, pero esto es más fuerte, ¿Sabes? –Abrí la
boca para contestar, cuando escuché otra voz de fondo.
-¿Quién es? ¿Hablas con Erica?
-No, con Alessia. –Respondió la primera voz.
-¿Hugo? –Fue entonces cuando caí en la cuenta, pues claro,
Hugo, pero, ¿Por qué me llamaba? Él nunca llama.
-Claro que soy Hugo, ¿Quién voy a ser? ¿Samuel?... ¡Pues
no!, ¿A que no sabes porqué?
-Porque está muerto.
-Porque está m… Espera –Parecía realmente confundido- ¿Cómo
lo sabes?
-¿Sabes que tu voz suena muy grave por teléfono? Casi no te
reconozco.
-Ya, pero no me cambies de tema. –Casi podía imaginarme su
cara, fingiendo que me miraba por encima de unas gafas que no tenía.
-¿Quién es Erica?
-¡Que no me cambies de tema! –No entendía a qué se debía tal
excitación- Estoy en el baño, y si tardo mucho, la Tere lo apunta. Ella lo
apunta todo.
-¿Hugo en el baño, llamando por teléfono? Cualquiera diría
que te has vuelto medio maruja. Tú no llamas nunca, ¿Qué ha hecho la polícia?
-Entraron en la hora de matemáticas, tres hombres así, como
muy serios. Dijeron que tenían que hablar con algunas personas. Se llevaron a
la novia de Sam, y a Pedro, ya sabes, el primo. Preguntaron por ti, pero no se
preocuparon mucho por tu ausencia. Pedro nos dijo que Sam había muerto, ¿Cómo
lo sabías tú?
-Me lo dijo un agente, ¿Recuerdas al hombre que me esperaba
a la salida del instituto? –De repente caí en la cuenta de algo- ¿Samuel tenía
novia?
-¡Claro!, pero no me extraña que no lo sepas, últimamente
haces como si él no estuviera. Se pasa todo el día escribiendo cosas ñoñas en
su Twitter. –Cogió aire, pues parecía que iba a asfixiarse- Es todo muy raro,
Ale, de repente todo es muy deprimente, no me gusta nada. Tampoco entiendo por
qué querían hablar contigo.
Me mantuve en silencio; si el agente Álvarez me había
contado todo lo relacionado con el momento en el que encontraron el cuerpo de
Sam, no creo que pensase que no lo diría por ahí, pero aún así, había algo en
ese hombre que me hacía pensar que aquello era más una confidencia –Que había
soltado a causa de mi extraña capacidad para dar pena- que otra cosa.
En fin, era Hugo.
-Creo que Sam tenía una nota en la mano, o algo así, la cogió
su madre. –Solté el aire que estaba reteniendo- Tenía mi nombre, pero…
En ese momento, mi amigo hizo un sonido algo difícil de
describir, pero para que os hagáis una idea, era algo así como un gemido agudo
que expresaba sorpresa, intriga y pena al mismo tiempo; en fin, un sonido que solamente
Hugo es capaz de reproducir.
-¿Entonces? –Intentó articular alguna que otra palabra-
Puede ser… No, no tiene sentido, quiero decir… Él estaba por ti, ¿No? –Asentí con
la cabeza, pero en seguida me di cuenta de mi estupidez, y entoné un tímido
<<Sí>> - Pero ya no, ahora está con otra, digo yo que si escribiese
una última nota, sería para ella, o algo así.
-No lo sé, pero creo que él me odiaba, ya sabes, las cosas
que decía de mí…
-… No era nada alejado de la realidad. –Completó él-
-¡No te pases! –De repente caí en la cuenta de que hablábamos
de Sam, de Sam, que estaba muerto y no podía defenderse.- De todas formas, el
agente dijo que vendría hoy a hablar conmigo. Es un hombre peculiar, ¿Sabes? Me
recuerda a alguien, pero no estoy segura de a quién se me parece.
-¿El mismo que te esperaba a la entrada? –Hice un sonido,
dándole a entender que sí- No sé… ¿No era muy alargado para ser policía? No
parecía muy en forma.
-Tú tampoco pareces muy en forma, y la fuerza que tienes no
es algo normal.
-¿Que no parezco en forma? Es que, ya sabes, pierdo mucho
vestido.
Arrugué el entrecejo, intentando quitar esa imagen mental de
mi cabeza, Hugo, aunque pudiese parecer muy atractivo para algunas, a mí no se
me hacía una imagen agradable. No sé porqué, quizás porque nunca lo he visto
como un posible <<Novio>> por así decirlo, habíamos hablado ya de
tantas cosas, que toda pasión que pudiese existir se apagaba de inmediato.
-Ya, claro. ¿Te llamo después de la inevitable visita?
Y de nuevo, aquella voz de fondo.
-¡Venga, Hugo, devuélveme el móvil, que no soy rica! Y la Tere debe estar preguntándose
dónde estamos.
-Le decimos que estamos estreñidos y ya está. –Alegó él, sin
hacerle mucho caso- Alessia, tenemos que quedar, te lo digo, esto es muy fuerte.
-¿Con quién estás?
-¡Ay, deja de preguntar tanto! Te dejo, pero mañana te
quiero en el árbol, y sin discutir, si tu madre no te deja te escapas, que ya
eres mayorcita.
Fui a contestar, pero Hugo colgó tan repentinamente que ni
siquiera tuve tiempo de decirle adiós.
En ese momento, oí la puerta de un coche al cerrarse… ¿Un
coche patrulla, por casualidad?