Hola.
Sí, así de simple.
Tanto como esto, más o menos. Quiero decir, ¿Porqué hace un blog la gente? ¿Para contar su vida? ¿Para inventarse la de otra persona? ¿Para desahogarse? ¿Para expresar pensamientos que a nadie le importan?
Quería escribir algo interesante, algo sobre gente que se me parece, sobre gente con vidas como la mía, pero a la que le pasan cosas que, quizás, sólo me han ocurrido en sueños.
Es curioso, antes escribía sobre mí. Hablaba sobre mi muro, sobre puertas grises que se abren y se cierran, sobre la luna, las discusiones, la muerte, o los sueños. Pero ahora todo eso... ¿Para qué?, ¿A quién le interesa? ¡Ni siquiera a mí!, ¡Ni siquiera a mí, que soy la que siento todas esas cosas!. ¿Qué importan las ideas sueltas, etéreas, sin huesos ni sostén? ¿A quién le importan si las escribe alguien anónimo, una persona de la que no sabes nada, a la que no entiendes?
Bueno, para eso están los personajes, ¿No?. Te reflejan, te identifican, te tocan, te llenan y son recordados. ¿Quién no recuerda al gran Sherlock Holmes? ¿O a Alicia?, ¿Peter Pan?... ¡Todo el mundo! Todos saben cómo se sentían, cómo eran, cómo vivían... Pero, ¿Y sus autores?, ¿Quién recuerda ya a Doyle, a Carroll o a Barrie? ¿Quién sabe cómo eran, de dónde eran o qué sentían? Levantad la mano, valientes.
Por eso he dejado las puertas, los muros y los corazones de cristal, para comenzar a hablar de Martha, de Alessia, de Damián o de Beth, para empezar a hablar de personas que sienten, en lugar del sentimiento en sí, sin base ni punto de referencia.
Si leéis esto, espero que comprendáis que, al igual que Valerie quiso a V, yo os quiero.
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