domingo, 25 de noviembre de 2012

Alessia [III]: Dígamelo.


Escuché las palabras que salían de sus labios.
-¿Comprendes ahora lo que intento decirte?
El rostro del policía se había vuelto poco más que una mancha borrosa para mí. Ahí estaba, lo sabía, pero era incapaz de verlo, de oírlo, u olerlo. Ya no existía su voz rota, ni su olor a tabaco de liar, no existía su pelo revuelto ni sus suspiros. Simplemente, ya no existía.
Todo aquello había sido remplazado por la imagen mental que me había creado del cadáver de Sam, de su destrozada madre, de su serio padre, y del corte de su cuello. No había visto ninguna fotografía, pero era perfectamente capaz de imaginarse la desordenada habitación del que había sido mi amigo, manchada de sangre y oliendo a muerte.
Es cierto que Samuel ya no formaba parte de mi vida. Es cierto que lo odiaba y lo ignoraba, incluso que llegué a desearle la muerte, pero esto… Esto era bien distinto; Estaba muerto de verdad, ¡De verdad!, ya no era ninguna fantasía, ningún pensamiento. Era totalmente cierto, y arrolladoramente complicado de aceptar.
Sam había sido, desde hacía bastante tiempo, mi amigo. Bueno, ¿Podemos llamarle amigo? Supongo que para mí simplemente era un chico simpático con una conversación excelente, es una pena que para él no fuera así del todo. No era por mí, si no por él, que era idiota.
Era.
Debí de haber perdido el color de mis mejillas, porque lo próximo que sentí fueron las fuertes manos del agente aferrándose a mis hombros, como si temiera que me cayese de un momento a otro. Aún no era capaz de salir de la burbuja, así que lo único que pude hacer fue negar lentamente con la cabeza, a lo que fuese que me estaba preguntando.
<<Está muerto –No podía ni quería creer aquello, simplemente no era posible. – Y si está muerto, ¿Por qué así? ¿Por qué de una forma tan horrible, allí, en su propia casa, con un corte en el cuello? Es inhumano. >>
El aire pareció volver momentáneamente a mis pulmones.
-¿S-se suicidó? –
-¿Cómo?
-Que si se suicidó. Es una pregunta. –Hablaba a trompicones, pero mi mente comenzaba a despejarse, así que parpadeé y dirigí mi mirada hacia los ojos de Álvarez, buscando respuestas. La gente del bar se mostraba inquieta, así que me limité a susurrar. –Es una… Una posibilidad.
-No, no lo hizo. O al menos, no lo parece. Si lo hubiese hecho habría… -Álvarez paró en seco, dándose cuenta de que no podía ir por ahí hablando del tema, así que optó por callarse.- Encontraremos al que lo hizo, te lo prometo.
-¿Cómo sabe eso? ¿Cómo sabe que lo encontrará? ¿Y cómo sabe que no se mató él mismo?
El agente había vuelto a enterrar el rostro entre sus manos, pero ya no me sentía culpable por eso. Quería que hablara, que me diese respuestas, y que me las diese ya.
-No puedo hablar del caso, Alessia, compréndeme.
-No, no le comprendo. –Sabía perfectamente que mi mirada se había vuelto desafiante. No lloraba, pero parecía que estuviese a punto de hacerlo. O al menos, eso le parecía a él, ya que me tendió, tácito, un pañuelo. – Dígamelo. –Dirigí una mirada suplicante- Por favor.
En momentos como este debo agradecer ese extraño talento que parezco tener para enternecer a la gente, ya que los ojos del policía se tornaron algo tristes, y por un momento estuvo decidido a contármelo todo.
-El arma no estaba en la habitación, así que es imposible que se hubiese matado él. Quiero decir… Es obvio que si te cortas el cuello, no tienes tiempo de esconder el cuchillo antes de desangrarte. –Parecía horrorizado por sus palabras, quizás creía que me iban a afectar de alguna forma, y por eso se sorprendió cuando escuchó mis siguientes palabras.
-Bueno, no necesariamente. –La calma de mi voz hizo que su rostro se tornase algo incrédulo, pero lo pasé por alto.- Piensa en su madre, ¿Qué mujer quiere que la gente sepa que su hijo se ha suicidado? Ella podría haber escondido el cuchillo, para evitar las habladurías. O su padre, o…
-Vamos a llevarte a casa, ¿De acuerdo? –Murmuró Álvarez- Aunque ahora que lo pienso…
-¿A casa? No quiero ir a casa y darle explicaciones a mi madre. Quiero saber qué decía la nota.
-Me temo que eso no es algo que pueda compartir contigo, así que te llevaremos a casa, Alessia.
-Señorita Díaz. –Le corregí, molesta.- Y me temo que el motivo de esta charla no era simplemente decirme que Sam está muerto, ¿No?, Supongo que tendrá preguntas, y esas cosas. –Bufé, imitando su tono de voz, que, aunque en un principio me había gustado sobremanera, ahora su voz rota me parecía de lo más irritante.
-Pues si es así, Señorita Díaz, mañana pasaré por su casa a hacer las preguntas que deba hacerle.
-¿Y por qué no ahora? –Pregunté, sagaz
-No la veo en condiciones de ser interrogada ahora mismo.
No recuerdo en qué momento comenzamos a tratarnos de usted, pero aquel cambio hacía de la conversación algo más tenso de lo que el agente Álvarez habría deseado. En cuanto a lo que dijo, me dí cuenta en seguida de que tenía razón; mi cuerpo estaba temblando compulsivamente, mis ojos se habían enrojecido y mi pecho comenzaba a hiperventilar. Me pregunté en qué momento habría empezado a suceder aquello, porque hasta que el joven agente no lo hizo notar, no fui consciente de ello.
-Está bien. –Respiré hondo, tratando de calmarme, en vano. Algo dentro de mí me decía que algo andaba mal, que la muerte de Sam significaba algo. En realidad, me sentía inmensamente culpable de su muerte, aunque sin ningún motivo, ya que, aunque bien hubiese deseado su muerte en algún momento, yo no lo había matado, ¡Ni siquiera se me hubiese pasado por la cabeza!, ¿No?.
El agente Álvarez me llevó a casa en su propio coche. Era un viejo Mercedes plateado, con algunos golpes, pero con un envidiable tapizado. No sé porqué recuerdo esto, ya que el trayecto en coche fue bastante caótico; Me limité a sentarme en el asiento del copiloto, de brazos cruzados y con el cuerpo orientado hacia la ventanilla, sin decir nada en todo el viaje. Cuando llegamos, Álvarez le dijo un par de palabras a mi madre para excusarme, y le aconsejó que no me dejara ir a clase al día siguiente. Mi madre es alguien bastante peculiar y se tomó el tema muy enserio, me abrazó con fuerza como si hubiese sobrevivido a alguna tragedia, o algo por el estilo y me obligó a meterme en la cama temprano. No mencionó el asunto en absoluto, aunque sus ojos dejaban entrever una pena que no me merecía.

2 comentarios:

Eryne Lyserod-Nekomusume dijo...

Sublime. No he podido apartar los ojos de la historia hasta que he terminado el capítulo o__o enhorabuena.

Unknown dijo...

¿En serio? *-* ¡Muchas gracias ! \o/

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.