viernes, 30 de noviembre de 2012

Alessia [IV]: Voces.


Algo ocurre cuando amanece, y para mí, no parecía que fuera a ser algo agradable.
Me desperté como en un sueño, como si realmente no me  hubiese llegado a despertar; De repente, el simple hecho de levantarme suponía demasiado esfuerzo, así que aparté a Dina, que se había asentado en mi pecho, y fijé mi vista en el techo de madera.
La gata soltó un pequeño bufido, pero en seguida volvió a enroscarse sobre sí misma. Yo también tenía ganas de bufar.
<<Vendrán hoy –Suspiré- llegarán antes de mediodía.>>
Era increíble como en tan sólo un día había cambiado tanto mi forma de pensar; la mañana del día anterior lo que más me preocupaba era el dichoso examen de biología, y ahora todo eso… ¿Qué importaba? Alguien había muerto, para Sam, ya no habría más exámenes.
-Dina, no me claves las uñas, ¿Quieres? –Finalmente decidí incorporarme, a sabiendas de que, si me quedaba quieta mucho tiempo, acabaría volviéndome loca. -A ver, quita, quita. No, no me maúlles, que no cuela.
Me tambaleé por toda mi constantemente desordenada habitación hasta llegar al armario: Vaqueros, suéter azul de cuello alto, vans… ¿Qué ropa se pone una para que la interroguen? Yo al menos, nunca me había tenido que preocupar por algo así. Veamos, echemos un vistazo al espejo…
<<¡Dios mío! ¿Esa soy yo? –Revolví mi espeso cabello oscuro, en un vano intento por ponerlo en orden- Estoy pálida, ¿Y eso son ojeras? Que alguien me dispare.>>

Al llegar a la cocina me encontré con un pequeño drama, pues aunque mi madre, con gesto torvo, se había preocupado por prepararme un vaso de leche –Oh, Mamá, ¿Qué tienes en contra de mi taza de los Beatles?- nada más ver aquel líquido blanco, por mucho cacao que le echase, se me revolvía el estómago.
-Tienes que comer algo.
-Ya. –Me estiré con lentitud, dejando escapar un gemido- ¿Qué hora es?
-Las nueve menos cuarto, pero come algo.
Hice un gesto de desaire con las manos y me hice con una galleta algo desabrida, de la que Dina se comió la mayor parte. Mientras ella masticaba, me dí la vuelta con la intención de lavarme la cara, y Sergio chocó conmigo.
-Eh, ¿No has ido a clase?
-El agente dijo que era mejor que me quedase en casa.
-Qué tontería.
Sonreí. Hacía un año que Sergio vivía con mi madre y conmigo, pero aún me hacía gracia su lógica aplastante y su mente simplona. No me malinterpretéis, me cae bien, pero es algo corto de entendederas; la verdad, no sé qué hace mi madre con él.
-Seguramente. – Me encogí de hombros- Espera, suena mi móvil.
Sergio ni siquiera hizo un gesto de asentimiento; se limitó a apartar con suavidad a Dina y continuar lo que quiera que estuviese haciendo. Yo aceleré el paso hacia mi móvil, más que nada porque me daba vergüenza el tono de llamada que tenía puesto y prefería cogerlo cuanto antes. Me lo coloqué en la oreja sin tan siquiera mirar el número que llamaba.
-¿Sí? –Pregunté por inercia.
-¿Cómo que sí? ¿Se puede saber dónde estás?
-¿Perdona? –Tardé un rato en reconocer la voz que sonaba al otro lado del teléfono, pues sonaba demasiado grave, demasiado seria.
-Ha venido la polícia al instituto, como aquella vez que trajeron un perro para buscar droga, pero esto es más fuerte, ¿Sabes? –Abrí la boca para contestar, cuando escuché otra voz de fondo.
-¿Quién es? ¿Hablas con Erica?
-No, con Alessia. –Respondió la primera voz.
-¿Hugo? –Fue entonces cuando caí en la cuenta, pues claro, Hugo, pero, ¿Por qué me llamaba? Él nunca llama.
-Claro que soy Hugo, ¿Quién voy a ser? ¿Samuel?... ¡Pues no!, ¿A que no sabes porqué?
-Porque está muerto.
-Porque está m… Espera –Parecía realmente confundido- ¿Cómo lo sabes?
-¿Sabes que tu voz suena muy grave por teléfono? Casi no te reconozco.
-Ya, pero no me cambies de tema. –Casi podía imaginarme su cara, fingiendo que me miraba por encima de unas gafas que no tenía.
-¿Quién es Erica?
-¡Que no me cambies de tema! –No entendía a qué se debía tal excitación- Estoy en el baño, y si tardo mucho, la Tere lo apunta. Ella lo apunta todo.
-¿Hugo en el baño, llamando por teléfono? Cualquiera diría que te has vuelto medio maruja. Tú no llamas nunca, ¿Qué ha hecho la polícia?
-Entraron en la hora de matemáticas, tres hombres así, como muy serios. Dijeron que tenían que hablar con algunas personas. Se llevaron a la novia de Sam, y a Pedro, ya sabes, el primo. Preguntaron por ti, pero no se preocuparon mucho por tu ausencia. Pedro nos dijo que Sam había muerto, ¿Cómo lo sabías tú?
-Me lo dijo un agente, ¿Recuerdas al hombre que me esperaba a la salida del instituto? –De repente caí en la cuenta de algo- ¿Samuel tenía novia?
-¡Claro!, pero no me extraña que no lo sepas, últimamente haces como si él no estuviera. Se pasa todo el día escribiendo cosas ñoñas en su Twitter. –Cogió aire, pues parecía que iba a asfixiarse- Es todo muy raro, Ale, de repente todo es muy deprimente, no me gusta nada. Tampoco entiendo por qué querían hablar contigo.
Me mantuve en silencio; si el agente Álvarez me había contado todo lo relacionado con el momento en el que encontraron el cuerpo de Sam, no creo que pensase que no lo diría por ahí, pero aún así, había algo en ese hombre que me hacía pensar que aquello era más una confidencia –Que había soltado a causa de mi extraña capacidad para dar pena- que otra cosa.
En fin, era Hugo.
-Creo que Sam tenía una nota en la mano, o algo así, la cogió su madre. –Solté el aire que estaba reteniendo- Tenía mi nombre, pero…
En ese momento, mi amigo hizo un sonido algo difícil de describir, pero para que os hagáis una idea, era algo así como un gemido agudo que expresaba sorpresa, intriga y pena al mismo tiempo; en fin, un sonido que solamente Hugo es capaz de reproducir.
-¿Entonces? –Intentó articular alguna que otra palabra- Puede ser… No, no tiene sentido, quiero decir… Él estaba por ti, ¿No? –Asentí con la cabeza, pero en seguida me di cuenta de mi estupidez, y entoné un tímido <<Sí>> - Pero ya no, ahora está con otra, digo yo que si escribiese una última nota, sería para ella, o algo así.
-No lo sé, pero creo que él me odiaba, ya sabes, las cosas que decía de mí…
-… No era nada alejado de la realidad. –Completó él-
-¡No te pases! –De repente caí en la cuenta de que hablábamos de Sam, de Sam, que estaba muerto y no podía defenderse.- De todas formas, el agente dijo que vendría hoy a hablar conmigo. Es un hombre peculiar, ¿Sabes? Me recuerda a alguien, pero no estoy segura de a quién se me parece.
-¿El mismo que te esperaba a la entrada? –Hice un sonido, dándole a entender que sí- No sé… ¿No era muy alargado para ser policía? No parecía muy en forma.
-Tú tampoco pareces muy en forma, y la fuerza que tienes no es algo normal.
-¿Que no parezco en forma? Es que, ya sabes, pierdo mucho vestido.
Arrugué el entrecejo, intentando quitar esa imagen mental de mi cabeza, Hugo, aunque pudiese parecer muy atractivo para algunas, a mí no se me hacía una imagen agradable. No sé porqué, quizás porque nunca lo he visto como un posible <<Novio>> por así decirlo, habíamos hablado ya de tantas cosas, que toda pasión que pudiese existir se apagaba de inmediato.
-Ya, claro. ¿Te llamo después de la inevitable visita?
Y de nuevo, aquella voz de fondo.
-¡Venga, Hugo, devuélveme el móvil, que no soy rica! Y la Tere debe estar preguntándose dónde estamos.
-Le decimos que estamos estreñidos y ya está. –Alegó él, sin hacerle mucho caso- Alessia, tenemos que quedar, te lo digo, esto es muy fuerte.
-¿Con quién estás?
-¡Ay, deja de preguntar tanto! Te dejo, pero mañana te quiero en el árbol, y sin discutir, si tu madre no te deja te escapas, que ya eres mayorcita.
Fui a contestar, pero Hugo colgó tan repentinamente que ni siquiera tuve tiempo de decirle adiós.
En ese momento, oí la puerta de un coche al cerrarse… ¿Un coche patrulla, por casualidad?

1 comentarios:

Narrador dijo...

quantoO dramas me a moLados, kieros mas capitulo estoi engachaditos a la istorya
Xoxo

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